miércoles, 2 de mayo de 2012

¿“Marranada”

¿“Marranada” o expresión artística? La mayoría de los Ayuntamientos españoles optan por lo primero a la hora de calificar la obra de los grafiteros: pintadas callejeras que se realizan sin permiso y que suponen un gasto de hasta millones de euros cada año en concepto de limpieza para la Administración local. Sólo algunos de ellos organizan cada año certámenes que permiten adornar algunas de las paredes más descuidadas de las ciudades y que sirven para que los escritorespuedan desarrollar su talento. El diccionario de la Real Academia Española define los grafitis como letreros o dibujos generalmente agresivos y de protesta, trazados sobre una pared. “Hay muchos puntos de vista distintos entre los grafiteros”, explica Quak, firma tras la que se esconde Guillermo, madrileño de 24 años que reconoce que lleva “bastante tiempo sin pintar”. Hay “desde los que se sienten atraídos por el riesgo de ser pilladosy lo que quieren es ver su nombre por toda la ciudad, hasta los que aspiran a pintar cosas más grandes”. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, es de los que considera la disciplina una “falsa expresión artística”, como él mismo dijo en octubre de 2007. Sin embargo, el regidor tuvo que rectificar posteriormente al entregar el premio Jóvenes Creadores al grafitero Asier Vera. Aparte de esa iniciativa, en la capital no existe ningún lugar autorizado para pintar, según recoge la recientemente aprobada ordenanza de limpieza de los espacios públicos -de febrero de este año- y confirman fuentes municipales. Las multas en Madrid, cuya normativa no distingue “pintadas, grafitis e inscripciones en […] cualquier elemento integrante de la ciudad”, van de los 300 euros en los distritos periféricos a los 600 en el centro. “La mayoría de los casos son de 600 euros”, explica un portavoz del Ayuntamiento. La ordenanza establece, sin embargo, multas “de 300 a 3.000 euros” y, en caso de reiteración, “de 600 a 6.000 euros”. En Barcelona, pueden llegar a los 750 euros, en caso de infracciones leves, o a los 3.000, cuando el dibujo se haya realizado “sobre monumentos o edificios catalogados o protegidos”. “Atrasados” “El principal problema es la gente que hace marranadas”, indica una portavoz del Ayuntamiento de Bilbao, es decir, “los que pintan bancos, jardineras, etc.” Quak explica que para llegar a ser alguien es necesario empezar desde abajo, “firmando la calle y haciendo cosas feas, cutres y rápidas”. En la ciudad vasca, donde sí se han dispuesto paredes y muros “en los que se ha visto oportunidad” para que los artistas los decorasen, las multas por “realizar pintadas en lugares no permitidos” van de los 1.500 a los 3.000. “Estamos un poco atrasados en comparación con el resto de Europa”, asegura Quak, que considera que en España “no se puede vivir del grafiti”. Todo lo contrario que en Londres, por ejemplo, donde “los diseños de Banksy se exponen en galerías de arte”. El joven no cree, sin embargo, que se trate de una situación habitual, sino de casos aislados. “No sé si vivirán de ello o no; yo no conozco a nadie que lo haga”, admite. “Hay pocos sitios para pintar”, asegura Quak, preguntado por si existen suficientes espacios habilitados para que ese desarrollo artístico pueda producirse. Él, que empezó en el mundo del graffiti a los 16 años, explica que ha “tenido algunos marrones, pero multas, nunca”. E insiste en que hay gente que “lo prueba, empieza a pintar sin permiso y le encanta. Pero, después, muchos no piensan en dedicarse a ello y lo dejan”. “Algunos se estancan; otros muchos evolucionan y se pasan a tatuar. Y algunos se convierten en artistas y consiguen que sus obras se expongan en museos”, concluye