lunes, 1 de diciembre de 2014

Sanchos que intentan ser quijotes

Lectores implacables, los jóvenes no se dejan impresionar por el canon. Lisbeth Guadalupe Tipantasig Chato y Rodrigo del Campo Grijalbo comentan sin complejos las virtudes y defectos de El sí de las niñas, una de las lecturas obligatorias de 2º de bachillerato. Es lo que estudian ambos en el IES Cervantes de la calle de Embajadores, un histórico instituto madrileño —Antonio Machado fue allí profesor de francés— donde al autor del Quijote se le conoce como “el jefe”. Mientras atraviesan el paseo del Prado, Lisbeth (nacida en Quito, Ecuador, hace 18 años) y Rodrigo (nacido en Madrid hace 17) mezclan en la conversación a Leandro Fernández de Moratín con la cantante Rihanna (favorita de ella) y el grupo de heavy metal WarCry (favorito de él), Miguel Strogoff, No abras los ojos, Bailando con lobos y Downtown Abbey. Convocados por Babelia, se encuentran en la Real Academia Española con Arturo Pérez-Reverte, que les enseña la biblioteca deteniéndose en los 28 tomos originales de la Encyclopédie. La RAE pidió un permiso especial para comprar la obra de Diderot y D’Alembert cuando estaba prohibida en España, y esa peripecia, revela el escritor, será objeto de la novela que publicará el año que viene. Su última empresa, no obstante, ha sido medirse, por encargo de la Academia a la que pertenece desde 2003 (silla T), con el jefe del canon español, el Quijote. Se trataba de preparar una versión “para uso escolar” y el resultado, que acaba de llegar a las librerías, se presenta en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México). Lisbeth, lacónica, y Rodrigo, locuaz, leyeron el año pasado una antología de la novela. En la llamada sala de pastas de la RAE, Arturo Pérez-Reverte explica que su adaptación es otra cosa: “En la Academia nos dimos cuenta de que antologías hay muchas y buenas, pero ningún Quijote como este. En la novela hay un montón de cuentos, digresiones e historias complementarias —el curioso impertinente, la de Dorotea…— que te sacan de la trama fundamental de Don Quijote y Sancho. En tiempos de Cervantes era normal porque esas aventuras insertas en las narraciones eran muy del gusto del lector, pero un lector moderno se pierde. Por eso decidimos podar del texto original todo lo que distrae de la trama básica. Pero en lugar de dejar los cortes, decidimos añadir enlaces como si Cervantes lo hubiera escrito así”. “O sea, que has reescrito el Quijote”, le dice Rodrigo. “No, no”, matiza el autor de El francotirador paciente. “No podía reescribir a Cervantes. Cuando he eliminado un pedazo he añadido una frase para que hubiese una continuidad y no se notara el corte. Cosas del tipo: ‘Mientras tanto ocurrió que…’. Son pequeñas aportaciones sin importancia que además están tomadas del vocabulario cervantino. Para entendernos, lo he cosido con un hilo que es del propio Cervantes, no mío”. Chistes viejos pero graciosos Pérez-Reverte, cuenta, leyó por primera vez las aventuras del hidalgo manchego a los ocho años y en otra antología, la de la editorial Luis Vives: “Está vinculado a mis primeros recuerdos como lector. Luego lo leí completo con 15 años y ya he sido siempre lector habitual del Quijote. Cuanto más lo conoces, más lo disfrutas. Igual que hay libros que lees y dices: ya. Cuanto más sabes lo que dicen don Quijote y Sancho, más te interesa que lo digan como lo dicen. Es como encontrarte con dos amigos cuyos viejos chistes te siguen haciendo gracia”.