viernes, 1 de mayo de 2015

“Veía normal que me pegaran”

Algunos la llaman Ana. Otros le dicen Alejandra. Un reportero le preguntó cómo quería que la llamaran. Ella recordó el nombre de una amiga de ascendencia japonesa. “Zunduri”, respondió. “Quiere decir niña hermosa”. México se ha estremecido con la historia de esta mujer esclavizada y sometida a castigos inhumanos por la familia que le abrió las puertas para darle trabajo en una tintorería. “Se veían tan humanos, tan inocentes. Tan incapaces de llegar a hacer esto”, dice en una entrevista con este diario. Con su nuevo nombre pretende tomar las riendas de su vida y disfrutar la libertad por primera vez en cinco años. Zunduri, de 22 años, es originaria de Tlalpan, una delegación en el sur de la Ciudad de México. Su niñez no fue fácil. “No me llevaba bien con mi mamá. Tomé la decisión de huir de mi casa, como toda señorita rebelde”, cuenta con una tímida sonrisa mientras clava la mirada en el piso. A los 17 años, y con sus estudios truncados hasta el segundo año de secundaria, se fue a vivir con su novio. La historia de amor no funcionó. Se quedó en la calle, sin casa y sin trabajo