martes, 2 de mayo de 2017

«Vivimos desde hace veinte años en El Cascayu; lucharemos por quedarnos en nuestra casa»

Luchan desde hace seis meses para quedarse en su casa y, advierten, no dan por perdida la batalla. Las familias del poblado de El Cascayu, situado en una de las alas del polígono Espíritu Santo, viven en vilo. El Principado demolerá el segundo bloque de viviendas este mes. Posteriormente derribará las otras dos construcciones que quedan en pie.
Antes realojará a los vecinos en pisos, aunque ellos no están por la labor de mudarse. Se quejan de que no tienen dinero para pagar el alquiler y las facturas que cada mes llegan al buzón de casa. También, de que tampoco dispondrán de un espacio donde meter la chatarra, los animales o plantar la huerta. Por esta razón, pelearán «hasta el final» para quedarse. «Llevamos viviendo aquí veinte años y al lado de mi bloque tengo una finca donde cultivo los vegetales y he plantado árboles que nos dan todo tipo de frutas. Además, tenemos una granja con muchas gallinas y sus huevos alimentan a toda la familia. Si finalmente nos vamos, ¿qué hacemos con todo esto?», pregunta Enrique Montoya, que junto a su mujer, sus hijos y nietos vive en el bloque número tres.
El padre de esta familia cuenta que cada limonero o higuera le costó en su época «1.200 pesetas» y lamenta que todo se echará a perder en los próximos meses. Asimismo, relata que no sabe qué va a hacer con la huerta si finalmente se va a un piso, ni con el metal que tiene almacenado para venderlo en los mercadillos. «Por ejemplo, en La Ascensión nosotros traspasamos estos objetos y con el dinero que sacamos complementamos la pensión», detalla.
Para su mujer, Adela Larralde, el principal problema reside en que el salario social no les da para abonar todos los gastos de un piso: «Cobro 312 euros al mes y esta cantidad no da para pagar la renta, la comunidad, ni el gas de la calefacción. Aquí tenemos cocina de carbón, y estoy enferma de los huesos y de ansiedad. Yo no me quiero ir de aquí».

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